La construcción de la atracción en el ciberespacio

_MG_5080

El taller ‘La construcción de la atracción en el ciberespacio’ propone a los participantes experimentar en un juego de rol acerca de los usos de las redes sociales en la construcción y representación de relaciones sexuales y afectivas. Considerando la variedad de las interfícies existentes bajo el paraguas de las llamadas redes sociales vía internet (fotolog, facebook, myspace, meetic…) y las diferencias de sus usos, los estudios previos indican que hay esquemas o patrones de relaciones entre géneros que se reproducen en todas ellas. Es en éstos esquemas que queremos profundizar, mediante la puesta en marcha de una plataforma educativa que permita llevar a cabo simulaciones reflexivas que pongan en evidencia las representaciones dominantes de las relaciones afectivas y sexuales que circulan por estos medios. Esta plataforma aúna las características del modelo del Web 2.0, tomando en cuenta que a menudo no es el diseño de las interfaces el que confiere al web estos contenidos sino lo que hacen con ellas los usuarios. En este sentido, podemos considerar que múltiples entornos virtuales actuales convierten el usuario en prosumer (Marshall McLuhan y Barrington Nevitt, 1972), un sujeto que a la vez que consume representaciones también participa en su producción (y a menudo reproducción). Como el contenido de estas redes se nutre de los datos biográficos de los propios usuarios (o prosumidores), un correlato es que las relaciones sexoafectivas y sus representaciones tienen un papel creciente en ciberespacio.

El taller propone que los participantes asuman una identidad diferente a la propia [predominante] cuya base ‘material’ les será descrita en una ficha. Será en base a esta presunta identidad presencial que deberán acceder a la plataforma educativa y construir su identidad virtual con el fin que sea atractiva para la comunidad online. Muchas de las identidades conferidas a los participantes respondían a perfiles demográficos adolescentes y jóvenes, puesto que son estos grupos de edad los usuarios mayoritarios de las redes sociales, y también por el importante papel que para ellos juega el entorno virtual en los procesos de construcción de la identidad.

En la ejecución del taller la mayoría de las identidades creadas han elegido imágenes parecidas a los modelos estereotípicos de género presentadas en otros medios. En este modelo las mujeres ven realzada su sexualidad. Son delgadas y frágiles y visten poca ropa. Los contextos de estas fotografías suelen ser espacios íntimos como el dormitorio. La mayoría de personajes que se han representado como masculinos han utilizado también referentes estereotípicos en la imagen para realzar su atractivo; en algunos casos con un torso musculoso a la vista y en general el posturas más activas que las mujeres, con remisión a la “pulsión a la autosuficiencia” (Giddens, 1992). Son éstos rasgos detectados en una parte importante de los Fotologs de adolescentes.

_MG_5092

De ahí se suscitó una reflexión acerca de los discursos sobre el amor, el deseo y la atracción que subyacen en los espacios virtuales, a partir del marco teórico construido para el proyecto de investigación I+D “Medios de Comunicación y Violencia de Género: ¿Catalizadores o Elementos de Prevención?”. Este proyecto partiría de la idea que algunas de las causas de la violencia de género deberían buscarse en los modelos de sexoafectividad hegemónicos. Éstos podrían sistematizarse en un modelo tradicional de la atracción, que es el que vincula el amor y la pasión con rasgos de violencia y abuso. En esta representación la pasión sería incompatible con la amistad, el cuidado y la confianza, por lo que [generalmente las mujeres] deberíamos comprender las conductas agresivas [generalmente de los hombres] como una parte del amor de verdad. Además, las personas de cada género serían atractivas en base a su adecuación a los estereotipos tradicionales de hombres y mujeres. Un patrón que si bien se construye desde la concepción heteronormativa de las relaciones, también se trasladaría a las relaciones homosexuales y de cualquier otra índole basadas en la sexoafectividad. En el taller se presentaron algunos ejemplos de la circulación de este tipo de narrativas en productos mainstream y consumidos por los adolescentes como es el caso de la serie Sin Tetas no hay Paraíso (1998), que además refuerza un sistema heteronormativo sin fisuras. Simultáneamente habría un modelo alternativo de relación entre personas que tendería a aunar la atracción y el amor con valores de igualdad, cuidado y cooperación. El mismo propondría una dilución de los roles de género tradicionales neutralizando la desigualdad entre hombres y mujeres.

A menudo los modelos con que organizamos nuestras prácticas sexoafectivas no son explícitos, por lo que con este taller queríamos tratar de sacar a la luz algunas interiorizaciones de rasgos de éstos modelos que han sido absorbidos a lo largo de los procesos de socialización. Con este fin, realizamos el test de Mary-Lou Galician (2008), una propuesta que lleva al extremo algunos de los rasgos del modelo tradicional de atracción con proposiciones como: “Un verdadero amor siempre duele”, o “El amor de una buena mujer que es sincera y fiel puede convertir una ’bestia’ en un príncipe.” También en este sentido, los personajes creados por los participantes al taller debían interactuar en el foro y hacer su elección acerca de quienes les resultaron más atractivos en su representación virtual. Este proceso, para que cada cual pudiera analizar qué es lo que confería de atractivo un personaje en la red. Una de las participantes, que jugaba ser un hombre, se representó en la red de manera alternativa a la masculinidad tradicional y afirmó no tener mucho éxito en su intento de ligue virtual. Otros elementos que emergieron en la reflexión fueron la importancia de la textualidad en la comunicación virtual, en el sentido que parecía posibilitar una rápida aproximación a las personas interactuantes.

De ahí se pasó a una reflexión acerca de la especificidad de Internet con respecto a las relaciones sexoafectivas. Nos basamos en el estudio de Annemarie Malchow-Moller (2003) acerca de las percepciones de los jóvenes europeos del netdating para presentar dos discursos polarizados. Un extremo lo representaría el discurso de que internet, en neutralizar –aunque solo temporalmente- las constricciones contextuales y el peso de los cuerpos, permite la confección de ‘relaciones puras’ en términos de Giddens (1992). Varios estudios han tratado de desbrozar el papel de internet en la profundización de las relaciones, y la mayoría de ellos apuntarían hacia el factor del ‘intimate self disclosure’ que sería promovido por la red en eliminar los contextos en que se dan las interacciones o, en todo caso, llevar al contexto íntimo del ordenador personal o el dormitorio esa interacción. Esta mistificación de las relaciones establecidas por internet es la que sugieren películas como Tienes un e-mail (1998) o Lucía y el sexo (2000). Algunas secuencias de estos filmes se proyectaron en el taller como ilustración. En el caso de Tienes un email, los dos protagonistas, que no saben que se conocen también en el mundo presencial, llegan a una relación de gran intimidad a través de un chat. Este medio consigue neutralizar la contradicción estructural en que viven los dos personajes. Meg Ryan es una librera con un pequeño establecimiento tradicional y Tom Hanks posee una gran cadena de librerías y está tratando de desmantelar el negocio de Ryan. Aunque en sus breves encuentros presenciales los personajes muestran recíproca aversión, simultáneamente construyen una relación íntima vía internet con un alto grado de confianza y reciprocidad, que deviene en ‘amor’. El filme muestra simultáneamente la construcción de una relación ‘pura’ a través del ciberespacio entre los dos personajes protagonistas, pero también reproduce el modelo tradicional de atracción en situar el odio y la agresión masculina como componentes de este amor –en el plano presencial-. La misma idealización del medio virtual para evadir –e incluso solventar- algunas de las constricciones del mundo presencial es la que muestra la relación entre Elena y Lorenzo en Lucía y el Sexo, de Julio Medem. En el filme, estos dos personajes, que comparten una hija aún sin saberlo él, son capaces de establecer una relación muy cercana a través de la red. En este caso, éste modelo de relación pura sigue contraponiéndose al comportamiento general del protagonista masculino, que actúa de forma mucho más tradicional y patriarcal. La película presenta en términos generales un protagonista masculino mujeriego rodeado de personajes femeninos que sufren las consecuencias del amor.

_MG_5093

El discurso opuesto por lo que respeta a la construcción de las relaciones vía internet sería el que considera que los mismos rasgos descontextualizadores de la red facilitan la exageración y la omisión cuando no el engaño y la mentira. En este sentido, se preparó un vídeo que uno de los personajes en interacción, el ‘topo’, colgaba en youtube. El vídeo no era sino una recolección de fotografías de chicas jóvenes con poca ropa y en poses comprometidas; las mismas fotografías que muchas jóvenes cuelgan en sus redes sociales para autorepresentarse. Algunas de estas imágenes pertenecían a los perfiles construidos por los participantes en el taller. Este vídeo creado para el taller quería ejemplificar algunas de las consecuencias del uso de la red. Hay varios vídeos de este tipo colgados en internet, recontextualizando las imágenes con que se representan las adolescentes en productos pornográficos para hombres adultos. Además, también son conocidos casos de acoso a través de la red, así como de chantaje a jóvenes a quienes ha sido exigido que cedieran imágenes de sí mismas cada vez más sexualizadas. En otro sentido, el riesgo de establecer relaciones por internet ha sido presentado en productos como La Red o Nadie Conoce a Nadie.

Finalmente, de la propia práctica queremos extraer también algunas conclusiones acerca de los patrones de interacción y el uso del lenguaje de hombres y mujeres en Internet. El feminismo utópico, durante los 80 y a principios de los 90, llegó a pensar que la libertad que proporcionaba la red respecto a las constricciones de los cuerpos podría hacer equivalentes las interacciones entre hombres y mujeres, o mejor, eliminar esta distinción o bipolaridad (Haraway, 1985). Pero alrededor del cambio de milenio, para decepción de la utopía cibernética, los estudios parecen indicar lo contrario: que la red es un nuevo medio o canal por el cual circulan los tipo de relaciones (modos de interacción, estilos lingüísticos) con que ya contábamos. Esta reproducción de los patrones tradicionales de comunicación entre géneros, o estilos sexuados de comunicación e interacción, no se localizan sólo en espacios virtuales de acceso masivo y contenidos dónde la identificación genérica es relevante (webs de contactos, weblogs adolescentes…) sino que son transversales a todos los espacios de la red. Susan Herring es una de las principales investigadoras de este fenómeno, y también ha estudiado los blogs de discusión académica, donde da con estos mismos procesos (Herring, 1994 y 2000).

Herring (1994) parte de la tesis que hombres y mujeres tienen estilos comunicativos distintivos arraigados en la tradición que se reproducen también en la red. Por lo tanto, las relaciones y comunicaciones por internet no son absolutamente democráticas ni liberan del género, sino que las diferencias de género y sus consecuencias sociales persisten en las relaciones mediadas por ordenador. Una hipótesis auxiliar de la autora, parcialmente corroborada por el estudio, es que hombres y mujeres tienen distintas concepciones acerca de qué es un comportamiento adecuado, y eso explicaría el enervamiento de los hombres en las discusiones (lo que ella denomina flaming) y que las mujeres nunca utilicen este tono. El planteamiento de fondo es que los estilos discursivos masculinos, autorizados por el internet, silencian a las mujeres, que se retrotraen ante la retórica intimidatoria. De hecho, el resorte de la investigación es que Herring observa que la mayoría de integrantes femeninas de un foro dejan de participar en éste cuando se aviva la discusión, y que ellas justifican que abandonan el foro por sentirse ‘intimidadas’ a causa de la violencia del debate. Los hombres interpretan esta batalla (pelea por la razón) como normal o positiva mientras que las mujeres la observan con aversión.

_MG_5053

Las tesis de Herring se forman de manera inductiva en un proceso de etnografía virtual por estos foros que luego ella sistematiza (hipotetiza, constrasta, re-hipotetiza) con el uso de cuestionarios y el estudio de nettiquetes y otros protocolos para regular las interacciones virtuales. Concretando, encuentra que por lo que respeta al estilo retórico de los hombres, tienden éstos a situarse en una posición adversarial, utilizando la crítica al otro con cierta soltura y distanciándose de los participantes del foro y sus opiniones, utilizando el recurso a ridiculizarlos, y también el de destacar los propios méritos. Las mujeres, en cambio, ante el disenso con el otro utilizarían fórmulas de atenuación, disculpándose antes de opinar, preguntando antes que aseverando, y añadiendo contenidos de orientación personal, revelando pensamientos y sentimientos, e interactuando y mostrando apoyo al resto de interlocutores (la fórmula del ‘de acuerdo, pero…’). Los mensajes de las mujeres son más breves, califican y justifican sus tomas de postura, piden perdón, muestran apoyo a los demás y una orientación ‘alineada’ con su interlocutor -no de oposición-, incluso cuando no están de acuerdo con él. Los foros de mujeres o tradicionalmente de mujeres, además, resultan ser más cooperativos, sin discusiones acaloradas, y donde priman los intercambios educados.

En resumen, Herring define el estilo MASCULINO como adversario, fuerte, nutrido de respuestas, aserciones contenciosas, posts largos y frecuentes, autopromoción y sarcasmo. Asimismo, es típico del estilo masculino representarse como experto, autoconfiado y autoritativo. En cambio, el estilo FEMENINO es básicamente de apoyo (‘supportiveness’), y de atenuación. La primera categoría incluye expresiones de aprecio, agradecimiento, construcción comunitaria, y hacer sentir a los demás aceptados y bienvenidos. La atenuación implica expresión de la duda, pedir disculpas, hacer preguntas, y proporcionar ideas contributivas en forma de sugerencias. Los estudios indican que muy pocas veces se actúa bajo total anonimidad en la comunicación virtual, para empezar porqué tiene menos credibilidad. Eso sí, algunas mujeres adoptan identidades neutras en cuanto a género para evitar discriminaciones. Los hombres suelen escribir posts más largos, ser los que empiezan y terminan discusiones en grupos mixtos, definen sus opiniones como ‘hechos’ y usan un lenguaje más duro, incluso con insultos.

La autora considera que los chats suelen generar un espacio interactivo más ecuánime (por lo menos en tanto que generan una interacción más cara a cara, personal), si bien también ahí pueden revelarse diferencias entre hombres y mujeres, como que ellas utilicen el triple de smilings, y ellos el triple de insultos. Hay el triple de usuarios masculinos en chats recreativos, pero (y quizá ‘por lo que’) las mujeres reciben una atención desproporcionada y, en muchos casos, con intención o carga sexual (lo que podría responder a esta disparidad demográfica en un modelo heteronormativo). Una participante comentó que lo mismo le sucedía en espacios de videojuegos virtuales, por lo que tendía a elegir alias que camuflaran su identidad de género. Pero el hecho es que se dan acosos virtuales sobre mujeres que utilizan nick names neutros, por lo que está claro que los agresores saben distinguir a las mujeres por sus estilos interaccionales.

De ahí que Herring considere que es posible distinguir hombres y mujeres a partir de su estilo comunicativo, y que así lo hacen los participantes de los foros, detectando ‘engaños’ o ‘gender switching’ en el web. Aunque hombres y mujeres adaptan sus estilos en participar en foros mayoritariamente controlados por el género opuesto, hay rasgos que persisten, hecho que lleva a concluir que los estilos comunicativos de género están muy enraizados en las personas puesto que se interiorizan en fases prematuras del desarrollo. En un taller que hubiera dado más tiempo para la interacción entre personajes habríamos querido prolongar la práctica hacia la detección de estos ‘gender switching’. Se trataría que los participantes intentaran detectar quiénes han tenido que autorepresentarse como personajes de géneros que no les corresponden, y que reflexionaran acerca de sus propias estrategias retóricas para pasar como alguien de otro género. Con estas dinámicas podríamos poner a prueba y actualizar la propuesta de Susan Herring, y observar si todavía es vigente la distinción entre los roles de género en la comunicación virtual.

Todas las propuestas para mejorar la dinámica de este taller o para problematizar sus supuestos teóricos serán bienvenidas.

Iolanda Tortajada , Cilia Willem y Núria Araüna

joseba

Tags: , , , , , , ,

One Response to “La construcción de la atracción en el ciberespacio”

  1. [...] aquí   Tags: atracción, ciberespacio, Cilia Willem, cultura digital, David Domingo, [...]

Leave a Reply

Web